GLOBALIZACIÓN Vs  MUNDIALIZACIÓN

Al analizar el fenómeno de la transnacionalización empresarial y sus consecuencias debemos partir de dos conceptos, frecuentemente utilizados de forma equivalente e indistinta por los ideólogos del neoliberalismo.

La acepción mas generalizada del vocablo lo conceptualiza habitualmente como la progresión hacia la instauración a escala mundial de un único sistema en lo económico, lo político y en lo social. Por ese camino se le atribuiría la condición de ser la etapa final de un proceso de mundialización iniciado hace centurias, desde la época de los grandes descubrimientos geográficos y el inicio del colonialismo europeo, intensificado con la consolidación del modo de producción capitalista, sepultando el modelo de estado-nación, y culminado por la revolución de las tecnologías. Desde ese punto de vista la globalización sería la resultante de la modernidad, del despliegue de las posibilidades contenidas en los ejes de esta, definidos desde la segunda mitad del siglo XVIII.

Algunos cuestionan si tal proceso lleva en su contenido todas las vertientes que se le atribuyen, o si por el contrario se está en presencia de una construcción ideológica deformante de la realidad, de ahí que resulte ser un imperativo tratar de determinar que hay de cierto en el concepto y en que medida se está en presencia de una elaborada manipulación.

Es una realidad que el mundo de hoy está signado por una fuerte corriente de interdependencia, resultada de un proceso de interrelación progresiva que data ya de varios siglos y que tal interdependencia resulta de una creciente mundialización.

Sin embargo el fenómeno de la mundialización ha crecido lastrado por un componente evidentemente desigualitario, signado por relaciones de poder no homogéneas, a las que es atribuible la generalización de un sistema de intercambios carentes de equidad tanto entre áreas diversas como de países, constituyendo en sí mismas un factor catalizador de la agudización de las diferencias entre norte y sur, entre bloques y países hegemónicos y periféricos, entre privilegiados y excluidos.

En consecuencia, al aumentar la interdependencia, su consecuencia lógica ha sido la concentración de mayores cuotas de poder de dominación a favor de los estados altamente industrializados, particularmente occidentales, mientras para las naciones de la ya denominada periferia, las mujeres, los niños y las clases desposeídas ha conllevado a la agudización de su dependencia, la que paulatinamente se ha ido transformando en exclusión social de carácter sistémico.

El proceso de mundialización ha traído de la mano la consecuencia de la globalización. No se trata por tanto de conceptos iguales; uno es causa, otra consecuencia que se han pretendido consolidar teniendo como base de sustentación un pensamiento procedente de los grandes centros de poder económico.

Sin embargo ese pensamiento único y en contradicción con su hegemonismo, ha tenido consecuencias no esperadas. La mundialización no ha generado únicamente una tendencia creciente de carácter globalizador, al atraer pueblos y naciones hacia los modelos impuestos por la civilización preconizada e instituida por los estados dominantes, sino que por un principio lógico de tesis y antítesis y basado en su realidad discriminatoria ha fortalecido su opuesto: una reacción de los oprimidos y marginalizados, especialmente pueblos y naciones que, cada vez más dependientes en lo económico, lo político y lo social, han visto reactivarse sus potencialidades, en un proceso de reafirmación de su propia identidad cultural y política.

Por tanto, el proceso de mundialización es una realidad con existencia objetiva, que trae aparejado un incremento progresivo de la interdependencia, pero la globalización neoliberal pretende enmascarar esas realidades y se nos presenta como una evolución encaminada a la aproximación progresiva hacia un mundo regido por un orden único tanto en lo político como en lo social. Ese orden único idílicamente nos llevaría, partiendo de la interdependencia entre pueblos y factores sociales hacia la globalización de carácter planetario, una sociedad con ese carácter, a la tesis de la aldea global y la ciudadanía mundial.

Un claro ejemplo es lo que ha ocurrido con el orden político y la soberanía. El actual orden político se fundamenta en la división territorial del mundo en estados nación, cada uno de los cuales ostenta un poder, una soberanía exclusiva, sobre un ámbito territorial determinado, expresado en líneas fronterizas de separación. Sin embargo, muy pocos estados han ejercido en la práctica, incluso en los momentos más álgidos del estado nacional, una soberanía de estas características.

Siempre ha existido en el mundo contemporáneo una clara divergencia entre la división formal del mismo en estados nacionales y la realidad social, económica, cultural, etc., subyacentes. Sin embargo, tal divergencia está alcanzando en el momento actual un alcance no imaginable hace tan sólo unos años.

La globalización neoliberal ha aportado además del achicamiento del poder del estado-nación, un condicionamiento del principio de soberanía nacional hacia la soberanía limitada. En ese contexto la influencia de las empresas transnacionales se ha acrecentado y el poder real de los estados sobre sus operaciones es exiguo.